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Der Wolf und die sieben jungen Geisslein (Jacob & Wilhelm Grimm)

狼と七匹の子山羊 El lobo y la siete cabritillas
unknown author unknown author
Japanese Spanish

むかしむかし、あるところに、優しいお母さんヤギと、七匹の子ヤギたちが住んでいました。  ある日の事、お母さんヤギが言いました。 「お前たち。  お母さんは用事で出かけてくるから、ちゃんと留守番をしているのですよ。  それから最近は悪いオオカミが出るというから、用心するのですよ」 「お母さん、オオカミって、怖いの?」 「そうですよ。何しろオオカミは、ヤギを食べてしまうのだから」 「あーん、怖いよー」 「大丈夫。家の中にいれば安全ですよ。  ただオオカミは悪賢いから、お母さんのふりをしてやって来るかもしれないわ。  オオカミはガラガラ声で黒い足をしているから、そんなのがお母さんのふりをしてやって来ても、決して家の中に入れてはいけませんよ」 「はーい、わかりました。では、いってらっしゃい」  子ヤギたちはお母さんヤギを見送ると、玄関(げんかん)のドアにカギをかけました。

 さてしばらくするとオオカミがやって来て、玄関の戸を叩いて言いました。 「坊やたち、開けておくれ、お母さんだよ」  すると、子ヤギたちが言いました。 「うそだい! お母さんは、そんなガラガラ声じゃないよ」 「そうだ、そうだ。お前はオオカミだろう!」 (ちっ、声でばれたか)  そこでオオカミは薬屋に行くと、声がきれいになるというチョークを食べて、またやって来ました。 「坊やたち、開けておくれ、お母さんだよ」 「あっ、お母さんの声だ」  子ヤギたちは玄関にかけよりましたが、ドアのすき間から見えている足がまっ黒です。 「お母さんは、そんな黒い足じゃないよ」 「そうだ、そうだ。お前はオオカミだろう!」 (ちっ、足の色でばれたか)  そこでオオカミはパン屋に行くと、店の主人を脅かして、小麦粉(こむぎこ)で足を白くさせました。

「坊やたち、開けておくれ、お母さんだよ」  声もお母さんで、ドアのすき間から見える足もまっ白です。 「わーい、お母さん、お帰りなさい」  子ヤギたちがドアを開けると、オオカミが飛び込んできました。 「ウワォー、なんてうまそうな子ヤギだ」  みんなはびっくりして、急いで隠れました。  一匹目は、机の下。  二匹目は、ベットの中。  三匹目は、火の入ってないストーブの中。  四匹目は、台所の戸だなの中。  五匹目は、洋服ダンスの中。  六匹目は、洗濯おけの中。  七匹目は、大きな時計の中です。 「グフフフ。どこに隠れても無駄だぞ。みんな探して食ってやる」  オオカミは次から次へと子ヤギを見つけると、パクリパクリと飲み込んでしまいました。 「フーッ。うまかった。さすがに六匹も食べると、お腹が一杯だわい」  お腹が一杯になったオオカミは草原の木の下で横になると、グーグーと昼寝を始めました。  それから間もなく、お母さんヤギが家に帰ってきましたが、荒らされた家の中を見てびっくりです。  お母さんヤギは子どもたちの名前を次々に呼びましたが、返事はありません。  でも、最後に末っ子の名前を呼ぶと、末っ子の子ヤギが返事をしました。 「お母さん、ここだよ」  末っ子は大きな時計の中に隠れていて、無事だったのです。  末っ子から話を聞いたお母さんヤギは、おんおんと泣き出しました。  そして泣きながら外へ出て行くと、オオカミがすごいいびきをかいて寝ているではありませんか。  そしてその大きくふくれたお腹が、ヒクヒク、モコモコと動いています。 「もしかして、子どもたちはまだ生きているのかも」  そこでお母さんヤギは末っ子にハサミと針と糸を持ってこさせると、ハサミでオオカミのお腹を切ってみました。  すると、どうでしょう。  子ヤギたちが一匹、二匹と、みんな元気に飛び出して来たのです。 「わーい、お母さんだ。お母さんが助けてくれたんだ!」  子ヤギたちはお母さんヤギに抱きついて、ピョンピョンと飛び上がって喜びました。  お母さんヤギも、大喜びです。  でも、すぐに子ヤギたちに言いました。 「お前たち、すぐに小石を集めておいで。この悪いオオカミに、お仕置きをしなくてはね」  そして空っぽになったオオカミのお腹の中に、みんなで小石をつめ込むと、お母さんヤギが針と糸でチクチクとぬい合わせてしまいました。  さて、それからしばらくたったあと、やっと目を覚ましたオオカミは、のどが渇いて近くの泉に行きました。 「ああ、お腹が重い。少し食べ過ぎたかな?」  そしてオオカミが泉の水を飲もうとしたとたん、お腹の石の重さにバランスをくずして、オオカミはそのまま泉にドボンと落ちてしまいました。 「わぁ、わぁ、助けてくれー! おれは泳げないんだ! 誰か助けてくれー!」   オオカミは大声で助けを呼びましたが、嫌われ者のオオカミは誰にも助けてもらえず、そのまま泉の底に沈んでしまいました。

Érase una vez una vieja cabra que tenía siete cabritas, a las que quería tan tiernamente como una madre puede querer a sus hijos. Un día quiso salir al bosque a buscar comida y llamó a sus pequeñuelas. "Hijas mías," les dijo, "me voy al bosque; mucho ojo con el lobo, pues si entra en la casa os devorará a todas sin dejar ni un pelo. El muy bribón suele disfrazarse, pero lo conoceréis enseguida por su bronca voz y sus negras patas." Las cabritas respondieron: "Tendremos mucho cuidado, madrecita. Podéis marcharos tranquila." Despidióse la vieja con un balido y, confiada, emprendió su camino.

No había transcurrido mucho tiempo cuando llamaron a la puerta y una voz dijo: "Abrid, hijitas. Soy vuestra madre, que estoy de vuelta y os traigo algo para cada una." Pero las cabritas comprendieron, por lo rudo de la voz, que era el lobo. "No te abriremos," exclamaron, "no eres nuestra madre. Ella tiene una voz suave y cariñosa, y la tuya es bronca: eres el lobo." Fuese éste a la tienda y se compró un buen trozo de yeso. Se lo comió para suavizarse la voz y volvió a la casita. Llamando nuevamente a la puerta: "Abrid hijitas," dijo, "vuestra madre os trae algo a cada una." Pero el lobo había puesto una negra pata en la ventana, y al verla las cabritas, exclamaron: "No, no te abriremos; nuestra madre no tiene las patas negras como tú. ¡Eres el lobo!" Corrió entonces el muy bribón a un tahonero y le dijo: "Mira, me he lastimado un pie; úntamelo con un poco de pasta." Untada que tuvo ya la pata, fue al encuentro del molinero: "Échame harina blanca en el pie," díjole. El molinero, comprendiendo que el lobo tramaba alguna tropelía, negóse al principio, pero la fiera lo amenazó: "Si no lo haces, te devoro." El hombre, asustado, le blanqueó la pata. Sí, así es la gente.

Volvió el rufián por tercera vez a la puerta y, llamando, dijo: "Abrid, pequeñas; es vuestra madrecita querida, que está de regreso y os trae buenas cosas del bosque." Las cabritas replicaron: "Enséñanos la pata; queremos asegurarnos de que eres nuestra madre." La fiera puso la pata en la ventana, y, al ver ellas que era blanca, creyeron que eran verdad sus palabras y se apresuraron a abrir. Pero fue el lobo quien entró. ¡Qué sobresalto, Dios mío! ¡Y qué prisas por esconderse todas! Metióse una debajo de la mesa; la otra, en la cama; la tercera, en el horno; la cuarta, en la cocina; la quinta, en el armario; la sexta, debajo de la fregadera, y la más pequeña, en la caja del reloj. Pero el lobo fue descubriéndolas una tras otra y, sin gastar cumplidos, se las engulló a todas menos a la más pequeñita que, oculta en la caja del reloj, pudo escapar a sus pesquisas. Ya ahíto y satisfecho, el lobo se alejó a un trote ligero y, llegado a un verde prado, tumbóse a dormir a la sombra de un árbol.

Al cabo de poco regresó a casa la vieja cabra. ¡Santo Dios, lo que vio! La puerta, abierta de par en par; la mesa, las sillas y bancos, todo volcado y revuelto; la jofaina, rota en mil pedazos; las mantas y almohadas, por el suelo. Buscó a sus hijitas, pero no aparecieron por ninguna parte; llamólas a todas por sus nombres, pero ninguna contestó. Hasta que llególe la vez a la última, la cual, con vocecita queda, dijo: "Madre querida, estoy en la caja del reloj." Sacóla la cabra, y entonces la pequeña le explicó que había venido el lobo y se había comido a las demás. ¡Imaginad con qué desconsuelo lloraba la madre la pérdida de sus hijitas!

Cuando ya no le quedaban más lágrimas, salió al campo en compañía de su pequeña, y, al llegar al prado, vio al lobo dormido debajo del árbol, roncando tan fuertemente que hacía temblar las ramas. Al observarlo de cerca, parecióle que algo se movía y agitaba en su abultada barriga. ¡Válgame Dios! pensó, ¿si serán mis pobres hijitas, que se las ha merendado y que están vivas aún? Y envió a la pequeña a casa, a toda prisa, en busca de tijeras, aguja e hilo. Abrió la panza al monstruo, y apenas había empezado a cortar cuando una de las cabritas asomó la cabeza. Al seguir cortando saltaron las seis afuera, una tras otra, todas vivitas y sin daño alguno, pues la bestia, en su glotonería, las había engullido enteras. ¡Allí era de ver su regocijo! ¡Con cuánto cariño abrazaron a su mamaíta, brincando como sastre en bodas! Pero la cabra dijo: "Traedme ahora piedras; llenaremos con ellas la panza de esta condenada bestia, aprovechando que duerme." Las siete cabritas corrieron en busca de piedras y las fueron metiendo en la barriga, hasta que ya no cupieron más. La madre cosió la piel con tanta presteza y suavidad, que la fiera no se dio cuenta de nada ni hizo el menor movimiento.

Terminada ya su siesta, el lobo se levantó, y, como los guijarros que le llenaban el estómago le diesen mucha sed, encaminóse a un pozo para beber. Mientras andaba, moviéndose de un lado a otro, los guijarros de su panza chocaban entre sí con gran ruido, por lo que exclamó:

"¿Qué será este ruido

que suena en mi barriga?

Creí que eran seis cabritas,

mas ahora me parecen chinitas."

Al llegar al pozo e inclinarse sobre el brocal, el peso de las piedras lo arrastró y lo hizo caer al fondo, donde se ahogó miserablemente. Viéndolo las cabritas, acudieron corriendo y gritando jubilosas: "¡Muerto está el lobo! ¡Muerto está el lobo!" Y, con su madre, pusiéronse a bailar en corro en torno al pozo.



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